Du Fu: Poeta chino para nuestros días

 

Nubes bloqueadas por la montaña shi tao

Nubes bloqueadas por la montaña Inscripción «Aun cuando no hay casas aquí, las montañas bloquean las nubes», adaptación de Shi Tao de un poema de Du Fu. Otra inscripción de parte de Shi Tao. Fuente: pinturadeoriente.blogspot.com/2016/09/shi-tao-colores-agrestes.html

Du Fu es uno de los poetas chinos más reverenciados. En sus letras encontramos un sentimiento profundamente humano, lleno de destellos de cotidianidad y de grandes temas.

Le tocó nacer en un gran imperio pero vivir en unas circunstancias muy complicadas. Continuas rebeliones, intrigas políticas e inestabilidad fueron el telón de fondo de su vida. Vida cuyas circunstancias personales también fueron muy complicadas. 

Este fondo tenía su reflejo en su vida. Aún siendo un hombre tremendamente capaz, falló en dos ocasiones el examen para ser funcionario. Buena parte de su vida la pasó en la pobreza, hasta el punto de perder hijos por hambre. Por ello dedicó su mirada hacia los más desprotegidos y al ser humano que pasaba por dificultades e injusticias. Que busca refugio, paz y concordia en un mundo hostil.

Su mirada melancólica descansa sobre estas circunstancias. Es uno de los motivos por los cuales al leerlo nos encontramos elementos intemporales, que nos hacen conectar con la expresión de un hombre que nació en el 712. Apenas un año después de Táriq desembarcara en Algeciras para acabar conquistando casi toda la península en pocos años. 

Para hoy he querido escoger un poema «La balada de los carros de combate». Donde a través del testimonio del poeta y sus preguntas nos encontramos todos los horrores de la guerra. Todo lo malo que trae y la nula gloria que lleva dentro. Familias separadas, vidas truncadas, injusticias y violencia. 

Todo, por desgracia, se puede traer al más absoluto presente.

Balada de los carros de combate

Los carros chirrían.
Los caballos relinchan.
Arcos y flechas al costado,
marchan los soldados.
Con ellos, sus padres, mujeres e hijos.
El polvo que levantan
entierra el puente de Xianyan.
Se agarran a las ropas
de sus seres queridos.
Gritan, lloran y gimen,
intentando cerrarles el camino.
Sus llantos y quejas rompen el cielo.

Hablo con un conscripto.
Receloso, me cuenta
lo horribles que son las frecuentes levas:
«A los quince años fui al norte
a defender el río Amarillo.
Ahora, cuarentón, voy al oeste
a trabajar en una granja del Ejército.
Cuando abandoné mi casa,
el alcalde me arregló mi peinado,
y de regreso, a pesar de mis canas,
me envían otra vez a la frontera.
Allí la sangre corre como río,
pero no basta para apagar
la sed de expansión del monarca.
¿No ves que las doscientas prefecturas
al este de la montaña Huashan,
mil pueblos están cubiertos de zarzas?
Pese al duro trabajo de las chicas robustas,
la yerma tierra no rinde nada.
Los de Qing somos diestros en luchas.
Así que nos mandan aquí y allí,
como a bestias de carga.
¿Y quién osará a lanzar una queja?
En Guanxi, todo este invierno
no ha cesado la guerra,
y los mandarines nos acosan
con tributos e impuestos.
¿De dónde sacamos el dinero?
Mala suerte es tener hijos varones,
ya que han de podrirse entre malezas.
Mientras que las hijas
pueden al menos sobrevivir en casa.»

En Qinhay, desde tiempos antiguos,
nadie se ha tomado la molestia
de enterrar a los caídos.
De modo que gimen los nuevos fantasmas
y lloran los viejos.
En los lóbregos días de lluvia y niebla,
se escuchan sus agudos y tristes gritos.

Du Fu, incluido en Poesía clásica china (Ediciones Cátedra, Madrid, 2002, ed. y trad. de Guojian Chen).

Deja una respuesta