La tortilla francesa, los cartujos y Zurbarán

 

La tortilla francesa es muchas veces lo primero que aprendemos a cocinar, consiste en coger un huevo, batirlo y echarlo sobre la sartén.

Esta tiene que estar caliente con un poco de aceite. Toda la complicación que contiene es doblarla sobre sí misma, es decir, ninguna. Hoy vamos a ver cuantas implicaciones que se le pueden sacar de forma fácil a un plato tan sencillo.

tortilla cartuja o francesa

 

Es una receta primaria, casi ascética. Y hoy nos va a permitir hablar de varias cosas. Hoy veremos como a través de la tortilla podemos relacionar conceptos aparentemente dispares. El desafío hoy es unir usando de excusa esta humildísima receta al pintor Zurbarán y a la invasión napoleónica.

cartuja de sevilla

Enmarcando parte de nuestro recorrido en actual centro de arte contemporáneo andaluz. Todo ello a través de un lugar cuyos pobladores la tomaban mucho. La cartuja de Sevilla, donde habitaban los cartujos que en ocasiones se señalan como los posibles inventores de este plato.

 

Los Cartujos en Sevilla

 

La cartuja de nuestra señora de las cuevas se encuentra fuera del perímetro amurallado de la ciudad. Desde 1399 se emplaza allí la orden de los cartujos, en lo que antes parece ser que fue un lugar dedicado a la manufactura alfarera.

 

Esta orden monástica que tiene ya casi mil años, y que entre sus preceptos está el de voto de silencio, de soledad y de llevar una vida ascética que les permita una mejor disposición en búsqueda de la espiritualidad. Ellos son los monjes cartujos. Nacida en Francia, se expande por toda Europa.

En el vivir del cartujo está el recuerdo de los primeros eremitas, que con el recuerdo de cristo presente fueron al desierto a buscar a Dios.

cartuja de sevilla

Por eso es que el Cartujo busca seguir ese camino a través de la contemplación. Esto viene acompañado de unas restricciones muy severas. Se ha llegado a definir a los cartujos como guardianes de sus celdas, de las cuales salen lo justo y necesario para llevar a delante sus otras funciones.

 

Entre los votos que toman están los de una austeridad absoluta, que se traslada, por supuesto a la mesa. Mirar a la forma de comer de alguien es una gran manera de conocerlo un poco mejor. Esto no es nuevo en absoluto, es común no solo entre grupos religiosos. Al fin y al cabo, la dieta influye en la vida de una forma decisiva y observar algunas reglas acerca de ella modela nuestro vivir.

 

Por ello se abstenían completamente de carne. De hecho, alrededor de la decisión de desterrarla de su dieta existe uno de los relatos más populares de la orden.

 

Que inspira una leyenda que el maestro Francisco de Zurbarán plasmará en uno de sus cuadros más conocidos.

 

Zurbarán y la cartuja de Sevilla

Hablando un poco de este gran pintor del siglo de oro de la pintura Española. Zurbarán nace en Extremadura pero su labor la llevaría a cabo principalmente en Sevilla. Su popularidad llegó a ser controvertida en su tiempo, parece que no hizo mucha gracia en el gremio de pintores que se asentara en Sevilla, pues no pasó por el examen que permitía el ejercicio en la urbe.

 

Lo llamaron de forma extraordinaria por el gobierno de la localidad a asentarse en Sevilla. Era tremendamente prestigioso en la ciudad. Aquí hace encargos de las órdenes monásticas. Uno de ellos sería este ciclo para la cartuja de santa María de las cuevas en Sevilla. San Hugo en el refectorio de los Cartujos. 

san hugo en el refectorio de los cartujos de zurbarán

 

En el cuadro que se puede apreciar a día de hoy en el museo de bellas artes de Sevilla vemos una escena fundacional de la orden cartujana. Que nos recuerda la importancia de obedecer los preceptos cartujanos respecto a la mayor austeridad posible.

Se trata de cuando San Hugo, obispo de Grenoble ofrece carne a los primeros monjes cartujos. Estos, no estando acostumbrados a consumirla se enzarzan en una discusión acerca de la conveniencia de aceptar el regalo. Y así entre cruces de argumentos, sucede el milagro del sueño. Se quedan todos dormidos, y de esta forma los sorprende San Hugo cuando llega

 

Os lo cuento un poco mejor

 

En una de sus visitas a la Cartuja originaria San Hugo decidió enviar a los frailes un cargamento de carne. Esto provoco un pequeño conflicto en los monjes que no sabían si aceptar el generoso regalo de su benefactor, ya que no les estaba permitido comer carne, entretanto cruzaban argumentos los monjes cayeron en un sueño arrebatador.

cartuja de sevilla

 

Así pasaron cuarenta y cinco días, hasta que se acercaba otra visita de san Hugo. Este antes de ir, se hace anunciar por un mensajero para avisar de su llegada. El mensajero al volver, dijo que había visto a los cartujos sentados en el refectorio con carne en los platos, en mitad de la cuaresma.

 

Esto era una infracción clara de las normas en este tiempo litúrgico. Así que cuando San Hugo se presenta en el monasterio y en efecto los ve sentados frente a la carne, acude rápido a hablar con San Bruno (el fundador) para pedirle explicaciones.

 

Allí encuentra a los monjes en el refectorio, frente a los platos con carne. San Bruno resulta que no sabía nada, no era consciente de los días que habían pasado.

Contó que lo último que recordaba era estar discutiendo el asunto de la carne. En ese momento hubo un hecho extraordinario que llamó la atención de san Hugo, ya que la carne se deshizo en cenizas bajo su mirada.

cartuja de sevilla

Esto se tomó como una señal divina, que los hizo dormir hasta llegar a la cuaresma para a continuación evaporar la carne.

De esto se extrajo la conclusión de que no había excepciones a la prohibición de la carne.

 

Una de las formas que tenían los monjes de compensar la pobreza de su dieta era la introducción de la tortilla como plato recurrente. Sencilla, austera y sin embargo muy nutritiva. Necesario para unos hombres que subsistían a base de pan, sin desayunar y que los viernes solo consumían pan y agua.

 

De todo este ambiente del interior de la cartuja, el aire místico y el compromiso de los monjes con su fe da testigo el cuadro de Zurbarán. El oficio de este pintor muestra a las claras que conocía muy bien las directrices que alumbraban la nueva fe que se extendía por la Europa católica, que intentaba ser el freno de la reforma protestante. Es el espíritu de la contrarreforma.

 

 En sus retratos logro una impecable calidad en los detalles, y el cuadro en cierta forma es un bodegón, lo que nos habla de un hombre observador y sensible. De temperamento sosegado en su trabajo y en consonancia con la mística española del tiempo. En este carácter espiritual que se deja ver hasta en los detalles más mundanos y cotidianos, ya diría de Ávila “también entre los pucheros anda el Señor. En efecto San Hugo en el refectorio de los cartujos no solo nos habla del hecho religioso, es un auténtico catálogo de las cerámicas sevillanas de la época.

 

¿Tortilla francesa?

 

A partir de 1810 y durante 2 años las tropas francesas usan este lugar como cuartel general. Cuando los ejércitos de napoleón llegan, conocen perfectamente el patrimonio artístico que tenía Sevilla y se produce un gran despojo de obras de arte que son confiscadas por las autoridades de ocupación.

Entre los favoritos estaban Murillo Y Zurbarán, ya que venían con unas listas ya configuradas de las obras que buscar y su localización.

Resulta curioso que para generales que procedían del pueblo llano como Soult esta pintura tuviera tanto tirón, pues en su sencillez les conmovía de una manera especial.

 

El mismo mariscal se llevaría multitud de obras que acabarían en su residencia personal y lego dispersas por el mundo. Las obras que se confiscaron “oficialmente” se devolvieron, pero las que fueron objeto de expolio privado se diseminaron por el mundo.

 

Del uso de los recursos y espacios de la ciudad para el sostenimiento de las tropas galas viene una de las múltiples narraciones acerca de la tortilla francesa. Se dice que entre las cosas que fueron confiscadas estaban los recetarios de la cartuja, que se llevaron a su nación, donde ya no era bocado de monjes. Y al volverse se le daría el nombre del país del cual retornó ya famosa. Como una adaptación de la tortilla cartujana.

 

Receta de la tortilla cartujana

 

Uno de los platos más sencillos de preparar, con ingredientes de lo más barato y que no tiene margen de error. Le puedes echar bacalao, perejil, jamón, queso, casi lo que quieras. Hoy vamos a hablar de cómo en una receta que más fácil no puede ser, podemos encontrar cultura y bien cercana

La tortilla que se hace con uno o dos huevos batidos, con aceite en la sartén en mi casa se ha dicho de toda la vida una tortilla francesa.

 

En contraposición a la que se suele llamar española, que contiene patatas en la receta y darle la vuelta es otro arte. Hoy no nos vamos a meter en el berenjenal si tiene cebolla o no. Vamos a otras cosas.

Hoy la vamos a preparar con la receta que hemos visto en el blog silencio cartujano.

 

Bien sencilla con aceite, dos huevos y perejil picado.

La encontramos también descrita  en Arte de Cocina : pastelería, vizcochería y conserveria (1790.) – Francisco Martínez Motiño

Este hombre era nada más y nada menos que el cocinero de Felipe II, y lo seguiría siendo hasta los tiempos de su nieto Felipe IV. Vemos el extracto 

Tortillas Cartujas. Las tortillas cartujas has de hacer, ni mas, ní menos que las de agua , salvo que no han sino calentar la manteca ó aceyte- este caliente, vaciarlo todo, echar los quatro huevos bien batidos, revolverlos con un cucharon, como la tortilla de agua, y quando se vayan quaxando, irlos recogiendo al medio de la sartén , luego volverla con la punta del cucharon, y ha de quedar tierna por dentro, y gordita. Para estas es menester que sea el aceyte, ó manteca buena, y no eches mas de quatro huevos en cada una, que no saldrán buenas si echas mas.

 

Si es que mejor no se puede explicar…

 

 

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