Cantón de Sevilla

Bueno, en otra de las entradas hablábamos de la relación entre Almutamid e Itimad, los dos amantes reales que reinaron sobre el reino taifa independiente de Sevilla. Esta historia de amor que ha generado tantas leyendas y suspiros durante siglos se ambienta en la misma tierra que muchos siglos después sería independiente. Cómo independiente se proclamó el Cantón Federal Libre e Independiente de Sevilla un 18 de julio de 1873. Este episodio duró muy pocos días, del 19 al 31 de Julio de 1873.

¿independiente?

Así es, así lo afirmaban los cantonalistas que proclaman la independencia de Sevilla en 1873 durante la primera República Española.

Eso sucede un 18 julio, pleno verano en la ciudad en la cual se mezclan las esperanzas del futuro con las difíciles condiciones del presente. Podemos imaginar lo caldeado de los ánimos por las más variadas circunstancias. No quedaba la más mínima duda entonces de la profundísima crisis que se experimentaba en el país, bastante menos evidente resultaba dilucidar cuál sería el proyecto de la nueva construcción. Ni hablar ya de los métodos y los tiempos.

El sexenio democrático

Para entonces, España se encuentra en el periodo histórico que se llamará el sexenio democrático (1868-1874) que vendrá después del exilio de la reina Isabel II que abandona el país y la corona al llegar la situación de la monarquía representada por los borbones a un punto sin retorno. Se abre un nuevo periodo que sería muy, pero que muy movido.

Para empezar, se desencadenan uno tras otros los acontecimientos. Si se expulsa a la reina y a la dinastía de los borbones hay que darle una solución a la jefatura del estado, si hasta entonces había cierta unanimidad, a la hora de proponer quien debería ser el nuevo candidato estaba más complicado el asunto.

Cualquiera de los candidatos que podían ceñir la corona española tenía su propio trasfondo e implicaciones, ya que apuntar al trono a un Hohenzollern tendría unas implicaciones claras. Esta posibilidad, la de quedar rodeada entre dos países bajo la misma dinastía, suponía un peligro para Francia que Napoleón III tomaría en cuenta. Aun compartiendo ascendencia familiar y el apellido evocador, nada tenía que ver con su más ilustre familia; la “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”

Por supuesto, no solamente importa aquí lo que sucede dentro de las fronteras de España. En Europa para estos años años se están dando procesos importantes, las tensiones entre el absolutismo y los regímenes liberales, la eterna partida de ajedrez entre las distintas potencias imperiales y su búsqueda de zonas de influencia donde dar salida a sus presiones diplomáticas y la búsqueda de mercados donde repartir sus manufacturas y nutrirse de materias primas.

Entre Prusia y Francia se iría a dar uno de los episodios de este enfrentamiento, si ya las luchas por las preeminencias en la Europa continental no eran nuevas; la crisis española proporciona otro campo donde volver a verse las caras. Sobre el destino del país se barajarán distintas propuestas que dependerían en su aplicación de la buena voluntad de las potencias extranjeras y el propio apoyo que pudieran generar en los actores internos. En tanto lograran las propuestas convertirse en la punta de lanza de los intereses concretos.

Hagamos un pequeño salto temporal hasta 1873, entre los diversos candidatos que se proponían al trono no ha resultado ninguno de un carácter idóneo y se acepta la candidatura de princepe italiano amadeo de Saboya.  Un reinado breve, al no encontrar sostén ni de un lugar ni del otro. Y las opciones se agotan, el rey Amadeo I se despide de la corona viendo que que no puede con la tarea. Abandona el esfuerzo de llevar adelante la empresa de gobernar un país tan hondamente perturbado.

La república, nacida prematura y llevaba hacia adelante más por necesidad que convicción, se enfrenta desde el primer momento a circunstancias más allá de su control efectivo tanto fuera como dentro de la España peninsular. Para aquellos que querían superar el marco de la monarquía y sus continuidades las reformas nos llegaban con el ritmo y la fuerza necesarias.

Esta tensión se notaba de la misma forma en otros campos, donde las mismas tendencias que se juzgaban tibias, inefectivas o directamente inadecuadas suscitaban la hostilidad abierta entre aquellas unidades de intereses que veían en la recién nacida república un peligro.

La rebelión Cantonal

De esta forma llega el verano, y en Sevilla la situación está más que tensa. La situación política a nivel nacional no inspiraba demasiadas ilusiones y como no podía ser otra cosa la ciudad era un reflejo a pequeña escala de su tiempo. Donde se aunaban las nuevas teorías políticas que se iban adoptando a nivel local, cada una asociada a un registro de actores distintos.

Herramientas al servicio de las cosmovisiones y aspiraciones de los segmentos sociales.

 La primera internacional y las enseñanzas del bakuninismo que hacían que las clases trabajadoras se acercaran a estos movimientos incipientes, los elementos desposeídos que reflejaban la dura situación de los campesinos y trabajadores. El recuerdo de la comuna de París por toda Europa cómo experiencia y el movimiento cantonal que se vive en diversos lugares de la península.

Entre todas las imágenes que nos pueden recordar la experiencia de otras insurrecciones, está ese grabado en el que se pueden ver el asalto a la ciudad y sobre un barril se encuentra una banderola con el mensaje de muerte a los ladrones. Que nos recuerda Engels en su prefacio a la segunda edición de la guerra campesina de Alemania:

Cuando los obreros franceses escribían en los muros de las casas durante cada una de las revoluciones: «Mort aux voleurs!» ¡Muerte a los ladrones!  […] no lo hacían en un arrebato de entusiasmo por la propiedad, sino plenamente conscientes de que ante todo era preciso desembarazarse de esta banda.

El cantón de Sevilla es muestra de esta evolución tumultuosa y compleja, dado los ingredientes y el entorno en el cual se desarrolla esta experiencia cantonal.

Es ejemplo de que la república era en buena medida un marco donde llevar adelante una seríe de reivindicaciones sociales que venían de largo. No es un fin en sí mismo, no representa únicamente una postura acerca de la elección del jefe de estado. Es una serie de propuestas politicas que deben encontrar su cauce.

Por ello cuando se empieza a considerar que el gobierno de Madrid actúa de forma tibia y que posterga las peticiones populares se empieza a plantear otra república. La llamada república federal, que tomaría un cariz más radical. Así podemos ver que el cantonalismo es en buena parte el intento de tomar las riendas del campo político que se tiene a mano. 

El cariz y profundidad del programa politico queda claro en el ejemplo del cantón de Cartagena, en cuyas peticiones vemos lo siguiente:

[…] Con la sublevación cantonal de Cartagena se
exigía, entre otras medidas, a los centralistas de la Primera República, la aplicación de
la nueva estructura de Estado Federal, la ley de supresión de quintas, la reforma agraria,
el reparto de tierras, la reducción de la jornada laboral, la enseñanza obligatoria, la
protección del trabajo infantil, la abolición de la esclavitud en ultramar y la separación
Iglesia-Estado. (Ángel Luis Cervera Fantoni,LA SUBLEVACIÓN CANTONAL DE 1873. RACV. p.8)

El recorrido acaba pronto, aplastado por un asalto frontal de las tropas del general Pavía que habría de acabar con la misma república mediante el recurso de la fuerza, república cuya autoridad viene a restablecer en Sevilla.

En esta ocasión el combate, muy duro se desarrolla en sus destrozos por la zona de la puerta de la carne y San Bartolomé. En este fue el lugar donde la lucha fue más dura. 

La puerta de la Carne

Cómo pequeño apunte sirva este comentario que se me vino a la mente hace poco paseando por la puerta de la carne, y recordando ese rinconcito donde encontramos tanto y se ve tan poco.

Donde acaba en un asalto de infantería el cantón de Sevilla, efímero y ardiente, en aquel verano de 1873.

El mismo lugar que fue judería, necropolis, cerca de cuarteles y donde se instalarían siglos antes las tropas de Fernando III antes de tomar Sevilla. 

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