Colección Museográfica de Gilena

Entre el cuidado por el detalle, destaca el uso imaginativo de elementos del propio lugar cómo soporte expositivo

Entre todos los objetivos a trabajar que se pueden reunir en una actuación cultural, uno de los más bonitos y necesarios es el acercar a la comunidad a su propia historia a través de nuestras “máquinas del tiempo”. Una ventana a nuestro patrimonio, eso es la colección museográfica de Gilena.

Dicen, pues que no se puede amar lo que no se conoce. En especial si es un campo, el de la historia, que muchos dirían que se ha tratado de esquematizar y simplificar. Intentando cortar esa potencia con la cuenta la narración del pasado que recordamos (y el que no recordamos) –no vaya a ser que haya lío-. No fuera a ser que sirva de herramienta de toma de contacto y consciencia de una comunidad con su historia y los procesos que nos han llevado a ser cómo somos.

Desde la agricultura, la minería, la navegación o el trabajo en la almazara; estas actividades han dejado sus huellas en los grupos humanos, que han generado a través de sus modos de vida las más diversas creencias que los han acompañado en sus viajes vitales.

Desde que nace la persona está inmersa en un entramado de estructuras que nos sirven para explicar el mundo, las relaciones entre personas, entre las personas y la naturaleza o porque las cosas son como son. Explicaciones mitológicas, provenientes de mitos, religiosas, históricas se entremezclan en cada individuo.

Es a este campo al que está dedicado el discurso museográfico de la colección arqueológica, del viajar humano a través de nuestra propia existencia desde el nacimiento a el fin de nuestros días. Con todos los procesos que llevamos a cabo entre esos dos puntos.

Interesantísima muestra de un lugar de acontecimientos, donde un hombre es abatido por la Guardia Civil en el S. XIX.

En otro de los lugares que desde luego merecen una detenida visitar, Gilena, se nos descubre. Lugar que al entrar nos saluda el recuerdo de Juan Heredia Ruiz, uno de esos curas obreros que al final del franquismo pusieron sus esfuerzos del lado de los más desfavorecidos. Gilena, es uno de los lugares de Andalucía en el cual nos encontramos una historia larguísima que ha ido viendo cada una de nuestras etapas, sus culturas y lenguas hasta hoy. Donde todo aquello ha ido forjando unas gentes que han dejado sus huellas en el mundo, y estas huellas merecen la pena ser recogidas y estudiadas.

En relación a eso, en este pueblo se está produciendo una iniciativa que desde el trabajo duro, bien organizado y documentado está haciendo una autentica labor de innovación y difusión de la cultura. En concreto nos encontramos con la colección museográfica de Gilena, donde dentro tenemos reunida una colección que viene de los fondos de las prospecciones arqueológicas que se desarrollan en el ámbito de su actuación, así como la colección que pertenecía al pintor Francisco Maireles Vela, pintor y Gilenero cuya colección conforma uno de los itinerarios del museo.

Dentro podemos ver que están en plena actividad, actualmente están haciendo buen uso de los recursos disponibles y se está construyendo en los exteriores del museo un patio porticado al estilo romano, en el centro del cual habrá un gran patio para hacer eventos de reconstruccionismo para el público.  Esta parte está pensada, como nos comenta David Ruiz, para ser el complemento del museo. Si entro podemos ver las piezas en contexto, fuera las vamos a ver en movimiento.

Entre las actividades que se buscan albergar están la recepción de público, reconstruccionismo histórico (en especial dedicado a la segunda guerra púnica, que entre otros escenarios, se desarrolla en Hispania) , se contará con un teatro excavado en la loma al estilo griego, e incluso unas caballerizas al estilo de las que usaban las fuerzas romanas que patrullaban esta zona.

Dando un repaso a la colección, David Ruiz nos va comentando el enorme esfuerzo tanto de investigación cómo de recursos que se ha invertido en los materiales con los que se cuenta para la reconstrucción de las panoplias guerreras pertenecientes a diversos orígenes y cronologías.

Prosigue la visita por el museo, moderno, y adecuado donde se nota un esfuerzo por integrar el patrimonio industrial de la localidad dentro del discurso expositivo, donde las estanterías, vitrinas y demás elementos proceden de una antigua almazara. Y el diseño de los paneles nos acerca de forma clara a los usos que tenían los elementos que vemos, como las panoplias de los soldados.

Esta recreación de un Hoplita está basada en un hallazgo en Málaga, a través del casco se ha hecho un proceso de investigación para traer de nuevo a la vida el equipamiento de este soldado. Gran ejemplo del trabajo multidisciplinar que se lleva a cabo acá.

Aquí es donde llegamos a uno de los puntos más interesantes. Desde que supe de esta iniciativa en mayo del 2018 me transmitió una serie de valores muy positivos. El hecho de ser una iniciativa de puesta en valor, con el foco en la cultura entendida cómo participación en la vida cotidiana e implicaciones tangibles. Lo que me llegó a través de la implicación de los propios Gileneros en el funcionamiento y fomento de la iniciativa. Cómo se les puede ver portando orgullosamente sus panoplias guerreras en eventos reconstruccionistas por todo el país. Siendo además a estas alturas ya un referente de esto en España. Haciendo estandarte de la historia, de lo local a lo universal y poniendo esfuerzo, ilusión e inteligencia por poner al patrimonio donde debe de estar: con la comunidad. Investigación, puesta en valor y difusión; el circulo virtuoso al que debemos aspirar.

Espero grandes noticias de la iniciativa y ver el proyecto en los siguientes pasos, así como agradecer a David Ruiz, cómo a todo el personal su amabilidad y atención al contarme sobre la institución y su labor.

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