En la brecha

unnamedPrimero, nos debemos plantear algunas cosas antes de llevarnos la mano a la frente en saludo marcial y salir corriendo. Marchando a paso ligero, dispuestos a ocupar nuestro puesto en la trinchera de la cultura. Esta noble misión -por seguir con el hilo militar- requiere que estemos bien alimentados, para no desfallecer. Bien instruidos, para no estorbarnos entre nosotros, usar nuestras herramientas, saber quiénes son los nuestros y ubicar el desafío. Bien equipados y abastecidos, comer a diario nos permite ejercitarnos, si tenemos que forrajear para llenar el plato es difícil que no nos convirtamos en bandidos o mercenarios. Debemos tener un surtido de herramientas teóricas y materiales. Una organización eficiente para coordinar el esfuerzo colectivo y las distintas disciplinas.

Nosotros, saliendo del ámbito castrense debemos tener muy claro quiénes somos dentro del asunto. Nuestro papel, qué hacemos, porqué lo hacemos, para quién y cómo. Así, prepararnos ante preguntas tan sencillas, como susceptibles de venir cargadas de malicia, como podrían ser:

¿Por qué es necesario el patrimonio?

¿Renta invertir recursos para su conservación y promoción?

Tenemos que tener a punto nuestro arsenal.

Los futuristas a principios del Siglo XX procuraron librarse de aquello que consideraban un lastre; la religión, la asunción de los valores del pasado y su materialidad, la tradición. A decir verdad, casi todo lo que no fuera innovador, rápido y poderoso; creado al abrigo de la nueva sociedad industrial. Estos señores, que habitaban una Italia que en el extranjero se representaba a través de su historia -clave en tanto política y religión-, opinaban que esta constituía un condicionante tal que podría considerarse un lastre a la hora de avanzar y regirse en sus propios términos, convirtiendo el país en un inmenso cementerio.

Nosotros que habitamos las primeras décadas del Siglo XXI, consideramos que la relación de continuidades y rupturas respecto a las sociedades que nos preceden, define la nuestra. Que esta acumulación nos proporciona base y alimento. Que los recursos comprometidos en su salvaguarda y promoción están justificados, y además generan un retorno positivo. Entre las oportunidades que tenemos a nuestro alcance para innovar se encuentran aquellas que nacen de la reinterpretación y adaptación de soluciones anteriores.

Sin más por hoy, puede retirarse.

Átese bien las botas y al lío.

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